Antonio López de Ávila
Presidente
SEGITTUR

Destinos turísticos sostenibles

La Organización Mundial del Turismo (OMT) define el turismo sostenible como aquel que «[…] satisface las necesidades presentes de las regiones y los turistas, protegiendo y mejorando las oportunidades del futuro. Además, ha de estar enfocado hacia la gestión de recursos para satisfacer las necesidades económicas, sociales y estéticas, respetar la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas de apoyo a la vida». Una definición que data de 1993 y que, sin embargo, sigue plenamente vigente.

El paradigma del desarrollo sostenible descansa, por tanto, en garantizar el equilibrio entre el crecimiento económico (que no siempre significa un crecimiento continuo sostenido, ya que debe venir limitado por la llamada “capacidad de carga” de los territorios), la preservación del medio ambiente y el respeto hacia las sociedades y culturas que acogen al viajero. Sólo así se puede fundamentar una actividad turística justa, diversa y respetuosa con el territorio y sus habitantes, donde no sólo se preserve, sino que permita la incorporación paulatina de innovaciones en los planos energético, medioambiental, cultural y económico con el objetivo de incrementar la calidad de vida de la población local y mejorar la experiencia del visitante.

Así, es preciso comenzar a analizar la sostenibilidad con una visión 360º, que integre todas sus variables. La social, la del residente, que si no percibe que el turismo le beneficia, invariablemente se posicionará en contra; la cultural, que precisa crear nuevas estrategias que pongan en valor la historia y la cultura local y que faciliten la inmersión del visitante respetando su identidad y asegurando su autenticidad; y la económica, el empresario local, que requiere modelos de negocio sostenibles que generen recursos para los residentes.

Por otro lado, la paulatina incorporación de las TIC a la gestión sostenible del territorio turístico ya nos permite contar con información válida, fiable, representativa y útil de cualquier territorio a un coste razonable de implementación y mantenimiento, y supone una base sólida para la toma de decisiones (tanto el sector público y privado) ganando en eficiencia. Algunos territorios con alta estacionalidad son especialmente complicados de gestionar, ya que la actividad turística puede balancear drásticamente la población (muchos municipios doblan e incluso triplican su población en temporada alta) y, por tanto, de los servicios que se demandan (agua, energía, gestión de residuos y reciclaje, movilidad, comercio, etc.). En este sentido, hay que considerar el poder de control que ofrecen herramientas como la sensorización, las redes WiFi y WiMax, la captación de datos en la red y, sobre todo, la gestión del “Big Data/Open Data” a la hora de procesar grandes volúmenes de datos estructurados y no estructurados.

Ya estamos en disposición de captar información estratégica de lo que ocurre en el territorio de manera sistemática y automatizada y, con estas herramientas, ya podemos poner en marcha acciones concretas que contribuyen a lograr la sostenibilidad. Estamos ante el nuevo modelo de destino turístico del siglo XXI: el Destino Turístico Inteligente.

En el plano medioambiental es necesario potenciar al máximo el uso de energías renovables (solar, hidráulica, biomasa, eólica…) y apostar por la “economía circular”, así como por políticas municipales que opten por una gestión más eficiente y sostenible de la energía y del agua.

En el aspecto económico, los destinos turísticos inteligentes generan nuevos nichos de empleo, incontables oportunidades para el lanzamiento de nuevos productos y servicios turísticos, así como la puesta en valor de las tradiciones, del comercio y la pequeña industria local (artesanal, agropecuaria, etc.) como elemento fundamental en la diferenciación de los destinos.

En el ámbito socio-cultural es imprescindible crear estrategias que faciliten la inmersión respetuosa del visitante en la sociedad que les acoge, en las tradiciones y en la historia de cada territorio. Será necesario crear nuevos espacios para el encuentro de los viajeros con la población local, siguiendo modelos orientados al intercambio de la cultura viva de los pueblos y de enriquecimiento mutuo, así como la puesta en valor del patrimonio cultural y arquitectónico para su preservación y cuidado de cara a las futuras generaciones.

El desarrollo turístico sostenible, por tanto, está presente en todos los planos de gestión de los destinos inteligentes. Y para ello también es necesaria la inversión en I+D+i de empresas, universidades y centros de investigación del territorio en la búsqueda de soluciones más eficientes, competitivas y sostenibles en todos los ámbitos.

El objetivo es hacer que la sostenibilidad entre en el ADN de los territorios donde haya actividad turística y reforzar la absoluta responsabilidad de los destinos en la protección a largo plazo de los intereses generales de todos los agentes que intervienen en ellos. En 2012 España, país pionero en la implementación del modelo de Destino Turístico Inteligente, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, a través de SEGITTUR, impulsó una serie de medidas y actuaciones para transformar el modelo turístico tradicional español en un modelo ligado al concepto “Smart”, a la innovación, a la necesaria cooperación público-pública y público-privada y a los emprendedores y empresarios innovadores de la nueva economía digital. Este nuevo modelo ya está repercutiendo directamente en la mejora de la percepción internacional del destino España, en una mejora de la experiencia del visitante, reducción de la estacionalidad y mejor distribución territorial de la actividad turística, toma de decisiones más eficiente por parte de administración pública y en una mayor rentabilidad de las empresas.

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