Luis García
Director General
Europamundo Vacaciones

Turismo y paz

“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.

Esta frase, lamentablemente tan actual, fue pronunciada por Isaac Newton a comienzos del siglo XVIII… Nos muestra lo poco que ha cambiado la humanidad en aspectos tan importantes como la tolerancia, la convivencia y la paz.

Demasiadas veces el desconocimiento se transforma en temor; el temor en miedos que llevan a la intolerancia. Sin duda, tras la segunda guerra mundial, el turismo ha permitido una increíble transformación en nuestra sociedad al poner en contacto directo millones de seres de culturas diferentes de una forma amistosa y voluntaria.

Lamentablemente vivimos en un angustioso periodo, muy lejos de esa ansiada paz que algunos pensaron llegaría tras el derribo del muro de Berlín. Potenciar la actividad turística, sobre todo en un turismo cultural, visitando países de raíces diferentes a las nuestras contribuye al encuentro y convivencia de seres humanos diferentes.

El turismo es un factor de paz al permitir conocer a seres que hablan, rezan, viven, de un modo diferente en países distantes; pero que sonríen, lloran y aman como nosotros, interactúan y al final su deseo en este mundo es tan sencillo como el nuestro: vivir, ser felices ellos y sus seres queridos. A través del encuentro con “el diferente” el descubrimiento y respeto de sus valores.

El turismo ha permitido recuperar el “orgullo por lo propio” (tradiciones, artesanía, gastronomía…) en comunidades que de algún modo habían podido sentirse marginadas y diferentes. Gracias al turismo han renacido regiones que podrían haber quedado abandonadas. Se han recuperado tradiciones, se han dado a conocer comunidades diferentes, se ha potenciado el valor y la riqueza que supone la diversidad.

El turismo es una actividad que, bien desarrollada, aproxima a los seres humanos y potencia un mundo más diverso y tolerante.

Cada vez más las tendencias en el turista marcan el deseo de no solo “ver el destino” sino de interactuar con el destino, “vivir la experiencia”. Esta tendencia permite una mayor convivencia con la población local. Adicionalmente la economía colaborativa, con consumidores que alquilan viviendas de personas locales, se trasladan en vehículos compartidos, intercambian información en foros de viajes… supone un incremento significativo de los contactos entre “turista” y “población local”.

Existen, sin embargo, inmensos riesgos y retos que deben ser analizados y canalizados:

  • La masificación del turismo lleva al fenómeno creciente de la “turismofobia”, la industria turística se visualiza por parte de un número cada vez más importante de personas como una actividad “non grata” que genera numerosos problemas (tráfico, perdida de actividades tradicionales, destrucción del medio ambiente, etc.).
  • Muchas actividades turísticas generan la impresión de que los visitantes son “servidos” y la población local “servidores”, agravado con frecuencia por condiciones laborales precarias; hecho que puede generar tensiones y agravar la sensación de injusticia que actúa en contra del concepto de “turismo como vía de entendimiento entre pueblos”.
  • El turismo, es una actividad contaminante que afecta a las emisiones de CO2 (transporte). Si no actuamos la actividad turística podría ser puesta en cuestión por las organizaciones que trabajan por la protección de la naturaleza y contra el cambio climático (incluso a nivel político, en partidos “verdes”).

En la necesidad de tender puentes y no muros… la obligación de trabajar por un turismo responsable. Se impone la necesidad de algún tipo de planificación y normativas que eviten que la actividad sea contaminante, que potencie el Código Ético Mundial para el turismo de la OMT reconocido por las Naciones Unidas y busque soluciones para que el inmenso avance que supone que existan actualmente turistas de todas las razas y nacionalidades (frente al solo “turista de origen europeo” de hace tan solo 25 años) no conlleve los peligros provocados por un exceso de masificación de algunos puntos que ya se encuentran en el “limite de las posibilidades de recepción”. A su vez deben buscarse vías para incentivar actividades turísticas que potencien el conocimiento y el respeto de la cultura local de los lugares visitados.

Viajar abre la mente; viajar permite derribar los candados del miedo y del desconocimiento. Viajando crecemos como personas. Viajar no solo es un derecho, es también una necesidad.

Nuestra industria celebra la vida. Las emociones sentidas cuando tenemos la oportunidad de disfrutar la belleza de nuestro mundo nos lleva a entender la importancia de la sostenibilidad y futuro de nuestro planeta.

Como profesionales del turismo, no existe reto más hermoso que buscar contribuir en hacer de este mundo un mejor lugar para todos.

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